Amigo jinete, Ramiro Oslé Freire corrían los años 1964 – 1965, “nuestro” regimiento pertenecía a la 11 División de Infantería “Guadarrama”, cuando se realizó esta fotografía en el acuartelamiento de Alcalá de Henares, carros de combate M-41 de los de ayuda americana, son los mismos que nos acompañaron en el traslado del regimiento de Alcalá de Henares al acuartelamiento de retamares.

Ya en retamares, se nos dotó de carros de combate M-41 propiedad de España, y de vehículos T.O.A.S., a cambio dejarnos en el camino, el escuadrón de carros de combate M-47 (al que nunca vi en acción), y el cambio de la denominación del regimiento.

Por aquella época se incorporó a nuestro, ya, Regimiento de Caballería Ligero Acorazado Villaviciosa 14, el que fuera uno de mis Tenientes predilectos, el Teniente Mena, sí, el que andando el tiempo fuera Teniente General Don José Mena Aguado.

A la sazón, año 1966, los cursos de ascenso de Cabo 1º a Sargento, se hacían en un pequeño acuartelamiento ubicado cerca de Hoyo de Manzanares, hasta allí llevamos dos carros de combate de los de ayuda americana, para que se utilizaran en la formación e instrucción de aquellos futuros Suboficiales, nunca olvidaré el impacto que me causó verlos hacer guardias en las garitas, cual Soldados.

12417947_565993643565752_912118731743512947_nLa expedición estaba constituida por el Teniente Mena, el Sargento José Luis (reconocible por su estatura y moto de gran cilindrada, (que siempre le acompañaba) el Cabo 1º Zárate (así era como me conocía todo el mundo), dos soldados conductores, los dos carros de combate M-41, y un Jeep, en el que íbamos los tres.

Sólo pernoctamos una noche en aquél campamento, por la mañana como el Sargento José Luis y yo no podíamos entrar en el alojamiento de Oficiales, el Teniente Mena se reunió con nosotros en la cantina, nuestro desayuno fue vino tinto, tocino y cebolla (lo único que había).

Una vez desayunados con el cuerpo reconfortado, regresamos por la autovía de La Coruña, el Sargento José Luis conducía, el Teniente Mena de copiloto y yo detrás, íbamos contentos, supongo que el desayuno no era ajeno, cantábamos y yo llevaba puesta la gorra de carros de combate, del Teniente Mena, la velocidad, una ráfaga de viento o ambas cosas, hicieron que la boina volase fuera del vehículo. No regresamos a buscarla, allí quedó con sus dos estrellas de Teniente, si alguien la encontró, ya sabe quien fue su propietario.

Mi Teniente Mena, mi Teniente General, mi amigo, siempre a tus órdenes.

Aportación de Don Rafael Zugabi, quien nos ofrece un capítulo más de este maravilloso, hermoso y místico mundo del Arma de Caballería. Gracias, querido Rafael.

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