En ocasiones, bastantes más de las que equivocadamente se pudiera pensar, una práctica ciertamente recomendable (¡¡incluso hasta para la propia salud mental y estado anímico en general de cada uno y de cada cual!!) sería bueno -de cuando en vez- hacer alto, echar pie a tierra y mirar sereno en profundidad (sin nostalgia, pero sí con un cierto guiño de romántica ternura, a la par de sentido autocrítico) la trazada dejada por nuestro recorrido en la vida; una personal huella en la que a modo de indeleble testigo, se halla o forma significativamente parte de la misma (para bien o para mal) el -entonces- obligatorio paso de nuestro ser por las filas castrenses, aquél periodo de nuestra ya lejana (y en algunos casos, hasta «impetuosa») mocedad, y en la que «todo estaba por descubrir y mejor experimentar», fuera vistiendo de caqui, verde-OTAN o….de postrero «lagarto» mimetizado según los casos y periodos de lo que se dio en llamar popularmente como «la mili»;aquella «mili» que para muchos no seducía absolutamente nada (más bien causaba tremendo rechazo, aduciendo -entre otras muchas peregrinas alegaciones y excepcionalidades aparte – «te partía el no sé qué»)  y a la que, de salida, se entraba desde muy diversas y variadas actitudes, y se salía «lili» de la misma, sin duda, con otra percepción, aquella que positivamente te brinda y aporta la enseñanza de la experiencia, así como la posibilidad de acercarte al conocimiento y comprensión de situaciones, que hasta aquellos precisos instantes, uno todavía no se había siquiera planteado el reparar en ellas.

RCLAC 14

Hoy, en el que es el futuro del ayer, cuando nada es igual y todo es distintivo, cuando el transcurrir de la vida nos ha demostrado con hechos que aquello  que imaginábamos pudo -o no- darse, y las carnes nos las ha tratado en desigual forma dispar, aunque impregnándonoslas a todos por igual con una patina común, la de la serena madurez que peina canas o acaricia un desnudo cuero cabelludo con ásperas manos del trabajo diario que nos ha tocado desempeñar en la vida para «buscarnos el rancho», permitiéndonos hacer balance bajo un prisma objetivo, un servidor, frustrado vocacional, que quiso voluntariamente incorporarse a filas, y al que no se le obligó sencillamente porque siempre creí que era el correcto compromiso para conmigo mismo, bien parido y bien nacido, y los demás semejantes, igualmente compatriotas (RESPETANDO  -por supuestísimamente– TODA OPINIÓN o FORMA DE PENSAR AJENA, pero no así compartiendo ni admitiendo bajo ningún concepto o la banal excusa de la fácil y siempre muy recurrente insolidaridad) todavía hoy es el día en el que sigo analizando y preguntándome a mi mismo:


cab17Si tan mal ponían al ejército ¿qué mal veneno tuvo que ser aquél que me pudieron inocular durante mi Servicio Militar Obligatorio, aquella tan denostada mili, cuando hoy, muchos años después, muchos….un algo interior, como efervescente, que bulle, me pide volver sobre mis propios pasos de vida, intentando buscar y saber de  quienes compartieron conmigo (obligados o no, pero juntos, y desde entonces compañeros) irrepetibles vivencias de las que fue testigo un supremo juramento carente de caducidad en el tiempo, y que sin dudarlo, hoy lo repetiría con mayor fruición si cabe?

Pensamientos y recuerdos, SUBTENIENTE MENAmuchos y muy variados (incluso malos o desafortunados, ya que de lo malo, erróneo o equivocado también se aprende, uno es humano y errar entra dentro de la propia condición) me invaden gratamente la memoria mientras acaricio delicadamente un viejo escusón de latón, «souvenir castrense» que humildemente certifica mi inequívoca pertenencia al Arma bizarra por antonomasia, aquella a la que se me brindó la oportunidad de elegir y a la quise pertenecer, convirtiéndome de por vida (incluso espiritual) en jinete hasta el tuétano; sencillo trozo de metal que el olvido en un rincón de la mesilla de noche y el inexorable paso de un tiempo implacable y a veces hasta cruel, han querido cubrirlo de un caprichoso cardenillo, propio de su habitual falta de uso que un día el tiempo paró en el ayer, mientras paralelamente me pregunto qué habrá sido de Blas, a quien tan magistralmente se le daba entonar esas picantonas y mordaces coplillas de la ribera navarra, o Bernúz el florista, quien a buen seguro terminaría cambiando de oficio (que sepas que a mí también me llegó a encandilar Sabina) o Pedro Hernández, con aquellas excepcionales tonas y monas de Pascua de su querida Villena alicantina (Manjón te la tenía jurada, pero yo, honestamente, tampoco te dejaría el coche para que me lo reparases…¡¡Je, je, que lo shepaaasshh «tronco«!!), el valenciá Salag, Masa Moreno, palentino siempre serio, Tony Torrecilla, murciano siempre compuesto ,elegante y correcto bajo aquél inevitable aspecto de paternal músico, y…y…tantos y tantos otros, a los que pongo cara pero no así apellido (y viceversa) porque la edad -siempre justiciera- no perdona; crisol de hombres, nombres y procedencias  a los que gracias a las modernas técnicas de la comunicación rápida y precisa, hoy, en el futuro del ayer, quizás resulte posible (y de hecho, así es) que décadas después, el encuentro y  la unión que por mor del azar , la suerte o el destino de coincidir un buen día en una sola y determinada unidad militar, se repita, fundiéndonos nuevamente en un abrazo de veteranos de épocas varias, ya que tras un servidor, hubo otros muchos más, hasta el momento desconocidos, pero que el tiempo y el mismo espíritu, nos ayudarán a conciliar.

Operador de transmisiones (1)

Aquí, un viejo dragón ,descendiente en el tiempo de aquellos Tercios Viejos de Steenhuysen, siempre evocadores de un esplendoroso pasado histórico que pide a uno reivindicar orgullosamente, como bien parido y bien nacido que se es, un marchamo rojigualda, aguarda paciente boina negra en mano, presto a que llegue el momento en que  se le invite nuevamente a formar, porque «la mili», aquella odiada y denostada «mili», pérdida de tiempo según algunos, necesaria otros, los más, decididamente, no resultó ser tan mala como se exponía, ya que me dejó un «algo imborrable», como si de una película cinematográfica se tratase, que cada uno cuenta como la vio y como la vivió, pero para que lamentablemente «no hay habrá segundo pase de sala»….¿o sí?

Ramiro Oslé Freire

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