Cuando las yeguas ya no den más potros,

Ni en Paracho se construyan más guitarras;

Cuando ningún talón sepa ya de espuelas

Ni acicates ni pialaderas y rodajas.

Cuando no se levante más el polvo De la caballería en una carga; Cuando ya nadie más comprenda nada

De regatones, de cujas y moharras.

Cuando ya se hayan ido para siempre Los centauros jinetes de mi raza;

Los que por profesión hacían la guerra Los que por vocación hacían la Patria.

Los que a la luz del sol daban la vida, Y a la luz de la luna, serenatas;

Los de historias de amores y amoríos, “Los de sable y guitarra…”

Cuando ya se hayan ido para siempre Con la gloria anidada en sus laureles

Y el último jinete se haya muerto Delirando con cargas y trompetas.

Yo sólo sé donde podré encontrarlos, Con sus cargas, sus potros y sus sables;

Yo sólo sé dónde estarán entonces, “Los de sable y guitarra…”

Los hallaré en el cielo de la gloria,

En el mundo infinito de las almas,

Porque este mundo les quedó muy chico, Para la más cortita de sus cargas.

Y allá estarán, ¡Dragones en el viento! Llevando los relámpagos por sables,

Cruzando nubarrones con sus pencos…

Usando las estrellas por rodajas.

Haciendo trepidar al mismo cielo, ¡cargando eternamente hacia la nada!

¡Allá estarán cerca de Dios, muy cerca…!

¡Los de sable y guitarra!

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